PapáDios

Nuevo desierto.

Meditación:  Salmo 84 , Canto de peregrinación:

 

Yavhé no niega la fidelidad

al que camina en rectitud.

 

Vale más un día en tus atrios,

que mil en mis mansiones.

 

Señor, que sigamos como peregrinos buscando tu rostro, en ruta hacia la santidad para que así no nos niegues tu Fidelidad.  Cuando en un "encuentro" hablamos contigo, ese instante vale más que todos los años que hemos vivido; que privilegio es estar contigo, Señor!

 

El Pobre de Nazaret, Cap 7, Nuevo desierto. Padre Larrañaga:

Jesús necesitaba detenerse para orar, meditar y discernir qué nueva orientación tomar, qué nuevos pasos dar para cumplir su misión.  Los apóstoles a pesar de sus dudas, lo siguieron.  Judas le dijo: tu silencio nos desconcierta, casi nos asusta. Mi alma-agregó Jesús- está en la cumbre del desamparo, pero en su ápice mismo nace la esperanza.  Jesús dijo a sus discípulos:  necesito varios días con sus noches para auscultar la voluntad de mi Padre y saber a qué atenerme.  Subió entonces al monte Hermón; el monte es frontera natural entre el cielo y la tierra; acaba la tierra y comienza el cielo.  Ante su imponencia, todo pierde consistencia, y todo adquiere su verdadera estatura, la relativa. No abandonaré este lugar hasta que la voluntad de mi Padre resuene en mi alma como la voz del mar.

Y resonó la Voz: Aquí estoy, contigo soy, Hijo mío.  El pobre gritó: Oh Padre!

 

Al anochecer de otro día, Jesús se retiró, solo al Huerto de los Olivos, allí oró intensamente concentrado, con freases lentas, entrecortadas:  Esta noche más que nunca vengo a poner mis llaves en tus manos, dónde quieras, como quieras, cuando quieras.  Sobre las cenizas muertas de mi voluntad enciende Tú la llama viva de la redención.  Una vez que fué aprehendido, los judíos le preguntaron:

Eres o no el Mesías esperado? La respuesta de Jesús fué "El Padre y yo somos una misma cosa, El Padre está en mí y yo en El Padre".  La multitud quería prenderlo.  Jesús sintió a su Padre como roca de refugio, fortaleza y consolación.

 

El sentido de la vida.  3 de Marzo.  Padre Ignacio Larrañaga:

Señor, mi Dios, yo te bendigo y te alabo porque en tu santa y dulcísima voluntad has permitido que las sombras del crepúsculo desmayasen el colorido de mi juventud; porque quisiste que yo fuese, no un astro ni siquiera un cáliz brillante y hermoso sino un grano de arena, simple e insignificante, en la inmensa playa de la humanidad.

 

 

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