PapáDios

Ejercicios de abandono

 

Salmo 131 Confianza filial en Dios.

3 Que Israel (reemplazar por nombre de cada lector) cuente con el Señor,

  desde ahora y para siempre!

 

Pastoral Biblia Latinoamericana de formadores (BLF):

Este salmo es una oración sencilla y humilde, llena de confianza, que hace pensar en la tranquilidad de un niño en los brazos de su mamá.  No es ésa la actitud que alaba Jesús?  Acaso, Dios no es tanto Madre como Padre?  Algunos han obtenido la espiritualidad después de muchos años de esfuerzos y pruebas; a otros se les ha otorgado como la leche materna, pero no por eso será menos exigente.  Porque si bien Dios es Madre, es también Fuego devorador (Deuteronomio 4,24; 12,29)

 

Oración de abandono (tercera parte)

Pongo mi alma entre tus manos,

te la doy, Dios mío

con todo el ardor de mi corazón

porque te amo,

y, es para mí una necesidad de amor

el darme, el entregarme

entre tus manos sin medida,

con infinita confianza,

porque Tú eres mi Padre.

Amén.

 

Vivencia personal:

Ruido insoportable de máquina aspiradora recogiendo hojas secas, en el vecindario de mi casa; yo estaba haciendo mis lecturas  espirituales y mi meditación.  En lugar de impacientarme calladamente, me abandoné y

dije: Hágase.  Sentí paz y pude terminar mis oraciones.

 

Muéstrame tu Rostro.  Del cap 3.  Ejercicios de abandono.  Padre Larrañaga:

Aceptación de  los progenitores:  Generalmente los hijos son demasiado exigentes para con sus padres, como si éstos tuvieran la obligación de ser seres perfectos.  Muchos cristianos, para su encuentro con Dios, necesitan reconciliarse profundamente con las fuentes de su vida.  Colócate en la presencia de Dios.  Déjate compenetrar por el Espíritu del Señor.  Haz presentes, mentalmente, a tus progenitores, trayendo a tu memoria lo que te desagrada de ellos y abandónate en el Señor.  Hágase su santa voluntad.

 

Aceptación de la figura física:  Alimentamos una no-declarada "enemistad" en contra de nosotros mismos, en contra de nuestro color de piel, de nuestra estatura, de nuestros ojos, nuestro cabello, dientes, peso y otras partes de nuestra anatomía.  sentimos vergüenza de ser así.  Experimentamos inseguridad. Jesús nos dice: Quién, preocupándose, puede añadir un centímetro  a su estatura?

Colócate en la presencia del Señor, siente cariño por cada parte de cuerpo.  Siénte todos tus miembros como partes integrantes de tu identidad personal.  Abandónate.  Hágase tu voluntad.

 

Aceptación de la enfermedad, la vejez y la muerte:  Estos tres negros corceles, arrastran al ser humano por un plano inclinado hacia el fondo del abismo.  Son tres fieras que aprietan en la garganta del hombre hasta asfixiarlo.  El remedio más eficaz en la enfermedad es el abandono.  A la hora de la lucha estoy yo;  a la hora de los resultados está el Padre:  este último es el momento del abandono.

Entre la enfermedad, la vejez y la muerte, el peor trago es el de la vejez, porque es en la ancianidad cuando se "vive" la muerte.  La muerte es la despedida total.

Porque el Padre organizó la vida, acepto en el amor del Padre el inevitable descenso, el misterio doloroso de la curva biológica, la incapacidad para todo y la espera de la muerte.  Hágase tu voluntad.

 

Aceptación de la propia personalidad:  El manantial donde nacen las frustraciones más profundas es el  propio condicionamiento personal.  La desgracia más grande es sentir vergüenza de sí mismo.  La tristeza más triste es sentir tristeza de ser uno así, sin poder remediarlo.  El hombre puede comenzar a rodar por una pendiente insana y suicida.  Si el cristiano quiere llegar a la alta intimidad con el Señor, necesita ejercitarse en el abandono hasta llegar a una profunda reconciliación con toda la esfera de su personalidad. Gracias, Señor, por la vida.  Gracias por mi alma.  Gracias por mi destino eterno. Me abandono en Ti.

Hágase tu voluntad.

 

Aceptación de los hermanos:  Es locura soñar en conseguir una alta intimidad con el Señor, si el alma está en pie de guerra contra el hermano.  La armonía fraterna está entretejida con una constelación de exigencias fraternas como respetar, comunicarse, dialogar, acoger, aceptar...pero hay una condición primera e imprescindible:  perdonar.  Sólo en la paz se consuma el encuentro con Dios y sólo por el perdón viene la paz.  Existe el perdón intencional y el perdón emocional.  El primero es suficiente para aproximarse a los sacramentos, pero no cura la herida; el segundo nos sana las heridas con la oración, comprendiendo a nuestro "enemigo" y desligándonos de la falta, desviando nuestra atención. (continuará en la próxima)

 

El sentido de la Vida. 12 de Marzo.  Padre Larrañaga:

Para entrar en el Reino el hombre tiene que comenzar por derribar golpe a golpe la estatua de sí mismo, renunciar a los propios delirios y fantasías, desnudarse de vestiduras artificiales y arrancarse las máscaras postizas, aceptar con naturalidad la propia contingencia y precariedad, y presentarse ante Dios como un niño, como un pobre y un indigente.

 

 

 

 

 

 

 

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